lunes, 13 de septiembre de 2010

Apoyo a Magnetto

Esta persona está muy lejos de ser un santo. Muy lejos. Pero aun con todo lo que sus presiones me hicieron padecer, nunca me resultó el monstruo diabólico que pretende exhibir Guillermo Moreno.

Si el estilo es la persona, como decía Proust, este Magnetto de hoy no es la persona que yo conozco. El que yo conocí en los albores del menemismo valoraba a los demás por su capacidad de reserva (“ése come callado”, era su elogio), pagaba en los restaurantes en efectivo para no dejar registro de su paso, transitaba fuera del circuito (iba de vacaciones a San Luis en auto), era socialmente fóbico y trabajaba hasta medianoche.

(...) Algo cambió en su vida al inicio de esta última década: se separó, se puso a dieta (ravioles de espinaca era su muletilla) y se mudó a la exclusiva avenida Alvear, justo frente al Jockey Club. En 2002, cuando la economía del país explotó y todas las empresas de medios pasaron a ser insolventes, las penurias compartidas más su final aceptación de que nunca sería vendedor hicieron que retomáramos el contacto. Recuerdo un día que vino a almorzar a Editorial Perfil y me confesó: “Hace meses que casi no duermo”. Y otro, cuando me sorprendió con un llamado telefónico para “felicitarme” por algo que yo hacía y molestaba mucho a Julio Ramos. “Te envidio”, me dijo risueño.

Pero fue breve esa impasse: cuando poco después se descubre su cáncer de garganta, su director de Asuntos Institucionales, Jorge Rendo, pidió que no se publicara esa información. Se le explicó que si la vida del conductor de la mayor empresa de medios del país estaba en riesgo, no se podía ocultar una información de tanta importancia. Perfil difundió la noticia y aunque imagino que hoy Magnetto ya habrá comprendido lo utópico que resultaba su pretensión de que no trascendiese su enfermedad, desde entonces quedó severamente enemistado.

(...) El argumento kirchnerista sobre que los guantes de box y cascos que Moreno repartió durante la reunión eran un chiste, o que “finalmente nadie salió herido”, o que “se horrorizan por tan poco y no por las torturas que sufrieron los anteriores accionistas durante la dictadura”, son maniqueos, primitivos y salvajes. Eventuales crímenes mayores no justifican otros menores y las amenazas de violencia son una forma de violencia, más inadmisibles aún proviniendo de funcionarios del Estado. Si algunos de los accionistas de Papel Prensa hubieran cometido delitos, deberían ser los jueces y no una patota del Gobierno quienes los escarmentaran.

(...) Este no es el Magnetto que yo conocí, el que le asignaba al oscurantismo un carácter de sublime. Luce como alguien normal, con aciertos y errores (como lo fueron esa cena con el Peronismo Federal y Macri que tanto daño le hizo al anfitrión como a los invitados; o no haber promovido que se conociera el ADN de los hijos adoptivos de Ernestina de Noble antes de que el Gobierno lo convirtiera en una bandera) pero ya no es el hombre que hace un culto del misterio, como Yabrán, con quien injustamente se lo pretende comparar.

Esta persona está muy lejos de ser un santo. Muy lejos. Pero aun con todo lo que sus presiones me hicieron padecer, nunca me resultó el monstruo diabólico que pretende exhibir Guillermo Moreno.
Una manifestación de solidaridad tiene más valor si no proviene de un aliado sino de un competidor al que Clarín ha afectado, como es el caso de Perfil. Desde esta posición es que deseo testimoniar hoy mi apoyo a Magnetto.

JORGE FONTEVECCHIA
A los 21 fue fundador de la Editorial Perfil junto con su padre y es CEO de la empresa desde 1976 y presidente desde el 2003. En 1997 la Universidad de Columbia le otorgó el premio Cabot y en el 2000 el presidente de Brasil le concedió la Orden de Rio Branco. Fue editor de La Semana, Semanario, Noticias, Caras, entre otras revistas. Publicó los libros Entretiempo y Reportajes.

miércoles, 24 de febrero de 2010

el sueño americano, no tan solo


Dicen que necesitamos mas dinero para educación.más libros,más maestros, más aulas, más escuelas, necesitamos más exámenes para los niños y diran ya intentamos todo eso y los niños no pasan los exámenes. No se preocupen por eso, vamos a bajar las dificultad y eso es lo que hacen en muchas escuelas. Bajan las dificultad para que más niños puedan pasar, más chicos pasan, mejor se ve la escuela y todos felices y el coeficiente intelectual cae 2 o 3 puntos. Y pronto lo único que necesitaras es un puto lápiz.¿tienes un lápiz? metete ahí, clase de física!
Luego se preguntan porque otros 17 paises gradúan mas científicos que nosotros.Educación! los políticos conocen esa palabra, la usan con ustedes.tradicionalmente los políticos se han escondido detrás de 3 cosas: la bandera, la biblia y los niños. ningún niño será relegado!,ningún niño será relegado! ¿oh ,si? No hace mucho hablaban de darles ventaja de salida, ventaja, dejar atrás. Alguien esta perdiendo terreno aquí.
Pero hay una razón, una razón para esto. Hay una razón, por la cual la educación apesta y es la misma razon por la que jamas se arreglara,nunca se pondrá mejor, no busquen eso, sean felices con lo que tienen. Porque los dueños de este país no quieren eso, estoy hablando de los verdaderos dueños ahora, los grandes dueños y ricos intereses que controlan las cosas, y toman todas las decisiones importantes,olvidense de los políticos, los políticos son puestos ahí para darte la idea de que tienes libertad de elegir, no la tienes, no tienes elección, tienes dueño, son tus dueños,son dueños de todo,son dueños de las tierras importantes, controlan las corporaciones. Hace tiempo que fueron comprados y pagados,el senado, el congreso,las legislaturas, los municipios. Tienen a los jueces en sus bolsillos traseros, y son dueños de los grandes medios,así pueden controlar toda la información que recibes, te tienen de las pelotas. Gastan billones de dolares cada año haciendo lobby, haciendo lobby para conseguir lo que quieren.
Bueno sabemos lo que quieren, quieren más para ellos y menos para todos los demás.Pero te dire que no quieren, no quieren una población de ciudadanos capaces de pensar críticamente. No quieren gente informada, educada y de pensamiento critico. No estan interesado en eso, eso no lo ayuda. Eso va contra de sus intereses . Asi es.
No quieren personas suficientemente listas, como sentarse y pensar en como están siendo engañados por un sistema que los tiro por la borda hace 30 años. No quieren eso, saben lo que quieren? Quieren trabajadores obedientes, personas que sean lo suficientemente inteligente para operar las máquinas y hacer el trabajo administrativo. Y lo suficientemente estupidas para aceptar pasivamente todo este aumento de trabajos de mierda, con mala paga, más hora, reducción de beneficios, el fin de las horas extras, la pensión que desaparece cuando vas a buscarla, y ahora van por el dinero de tu seguridad social. Quieren el maldito dinero de tu jubilación. lo quieren de vuelta,para dárselos a sus amigos de Wall Street, y saben algo? lo tendrán tarde o temprano, porque son los dueños de este maldito lugar.
Es un gran club. y tu no estas en él. tú y yo no estamos en el gran club. Además, es el mismo gran club que usan para machacarte la cabeza, todos los dias cuando te dicen que debes creer. Todo el dia machacándote la cabeza con sus medios, diciéndote que creer, que pensar, que comprar. La mesa a sido inclinada amigos. El juego esta arreglado, y nadie parece darse cuenta, a nadie parece importarle.
Las buenas personas trabajadoras y honestas, oficinistas, obreros, no importa que color de camiseta tengas. Las buenas personas trabajadoras y honestas, continúan eligiendo a estos adinerados chupa-penes a los que no les importas en lo más minino, no les importas un carajo. Y nadie parece darse cuenta, a nadie parece importarle. Los dueños cuentan con eso. El hecho que los americanos(y latinos) probablemente continuarán obstinadamentes ignorantes del gran pene rojo, blanco y azul que le meten en el culo a diario. Porque los dueños de este país(y el mundo) saben la verdad, Se llama el sueño Americano: porque tienes que estar dormido para creértelo.

GEORGE CARLIN

domingo, 21 de febrero de 2010

Aquí estamos los dos


A Rubén Tealdi

Tal vez el accidente se produjo porque yo no sabía hacia donde iba, quiero decir, iba hacia el estudio donde pasaba la mayor parte de mis días, pero sin pertenecer a él. Tal vez por eso, lo primero que recuerdo es mi pierna torcida, el sentimiento absurdo de que ese sábado no podría ir a fútbol y enseguida, un dolor tremendo en el costado que me hacía difícil respirar y me convencía de que en ciertos momentos no me costaría morir.

Lo demás fue lo usual de esos casos, la ambulancia, el decadrón y ese olor del sanatorio, donde horas después yacía en una habitación compartida con un hombre de bastante edad, que dormía la mayor parte del tiempo. Según los médicos, debían esperar para decidir qué hacer, si debían operar o solamente enyesarme y como era viernes, debía permanecer por lo menos todo el fin de semana y quizá algo más.

Por suerte, después de las visitas que distrajeron la tarde, retorné a los libros que mi mujer previsoramente me había traído. De tanto en tanto, miraba hacia la cama del costado donde mi ocasional compañero dormía la mayor parte del tiempo, tornando perfecta la soledad que me permitía disfrutar las objeciones de Kierkegaard a la filosofía de Hegel, sin la interrupción banal de mi trabajo.

Cerca de la medianoche, una muchacha de aspecto sencillo entró en la habitación, me saludó con voz muy baja y se sentó al lado de mi ocasional compañero. Cuando el hombre repentinamente se enderezó sobre su cama, la muchacha rápidamente lo contuvo: "No se mueva, padre, no se mueva, se le va a soltar el suero". "Sí, señorita", respondió el hombre. Me sorprendí hasta tal punto que no pude contener una pregunta: "¿Se tratan de usted". En realidad, lo que me intrigaba era lo de señorita. La muchacha me contó que era su padre y que había perdido totalmente la memoria Hacia muchos años que estaba internado en el Gerontocomio Municipal, de donde, por algún descuido, se había alejado. Después de unos días lo encontraron, debilitado por la falta de alimentación y el rigor de la intemperie y lo trajeron al sanatorio.

Con un cierto pudor prosiguió contando su historia: "Vivíamos con mi madre y mi hermana, pero por necesidad yo fui a trabajar cama adentro como doméstica. Mi hermanita murió y al poco tiempo, también murió mi madre, siempre pensé que de tristeza, vio... Para colmo, yo contraje el mal de Chagas, si no fuera por mis hijitos, no me importaría. Pero, bueno, desde ese momento mi padre se perdió, no reconoció más a nadie, ¿sabe? ni siquiera a mí, así que no sé".

Se quedó en silencio, tal vez recuperando en su decir, el brutal ensañamiento de la vida. No pude menos que detenerme en la fatiga de su rostro, en su mirada triste y su gesto agotado, mientras acomodaba suavemente a su padre que seguía diciendo a cada frase suya "sí señorita", en tanto el olvido fluía con el convencimiento gris de no despertarlo de su sueño para evitar otras caídas en la región sin canto de una extrema pobreza. Pasado un momento la muchacha agregó, como pensando a media voz: "No sé por qué pero aquí estamos los dos"

La declaración me tocó por su intensidad conmovedora, por su aceptación implícita de ser para la muerte. Recordé un texto de Heidegger en el que se explicita que sólo el hombre tiene conciencia de su ser y de su existencia y que esta puede ser auténtica o inauténtica, y ahora, en medio de una noche abierta al enorme poder de la nostalgia, yo vivenciaba todo, esto gracias a una muchacha arrojada a la semipenumbra de la vida. Una muchacha que atisbaba la muerte más cercana o más certera, puesto que su mal era incurable. No era la letra de un libro, la escansión de un verso bellamente logrado, no, era una voz humildemente humana, cuya enunciación era un jadeo que sumerge en la duda la supuesta intención de lo creado. Pensé si era posible extraer de ese trozo de existencia algo que justificase la irrupción imprevista de un absurdo estar ahí, oscilante en la memoria que insiste perforando al infinito, o el olvido germinando en la extrañeza de una noche que se tornaba doblemente oscura. Doblemente oscura porque yo era arrojado a una parte olvidada de mí mismo, esa parte de mí mismo que pertenecía a la clase relegada, a la masa, como se suele decir, desestimando las voces inaudibles de un constante reclamo.

Por decir algo, le pregunté a la muchacha por su apellido y me dijo Olmo. En medio de la emoción que descendía de mi oído, recuperé al digno labriego de Novecento, Dalco Olmo, que muere bajo la sombra de un árbol y al Olmo centenario de un viejo poema de Machado, cuyos versos internamente repetí. La memoria me aferraba nuevamente para atenuar la opresión de lo real. Traté de retornar a mi lectura pero no pude. Decidí dormir y mi sueño se rodeó de imágenes que actualizaban el precario suburbio de mi infancia y a su gente desafiando el avatar de la pobreza. Sí, esa pobre muchacha inesperada en medio de mi noche, lograba conmover el deslizamiento burdamente complaciente de mi existencia. No compartí con ella más que el período de unas frases arrojadas al pasar, sin saber que su voz y sus palabras retornarían a mí cuando un desgarro avivara mis heridas.

El martes siguiente, el médico me dio la alegre noticia de que me iba a mi casa, después de que me enyesaran la pierna. Había tenido suerte, porque el accidente había sido grave. El viejo Olmo todavía persistía allí, pero unos días después cuando volví para llevarles un obsequio a las enfermeras, fui a la habitación y ya no estaba. Pregunté por él y me dijeron que había regresado al Gerontocomio Municipal. Pensé en ir, en realidad sin saber para qué ni por qué. En definitiva, al poco tiempo me quitaron el yeso, las consecuencias del accidente quedaron en el olvido y yo volví a mi vida habitual, la de costumbre: unas pocas horas en la docencia y la mayor parte del día en el estudio de publicidad, en el cual intentaba a duras penas, conformarme en él o por lo menos atenuar la sensación intermitente de ser un extranjero.

Dos años más tarde, una antigua colega, me ofreció unas horas en un colegio secundario muy humilde que estaba a dos cuadras del estudio. Estaba por negarme, cuando me dijo: "La escuela se llama Salvador Mazza, el médico que combatió el mal de Chagas". No quise ser terminante y le pedí unos días para pensarlo. Es increíble cómo ocurren las cosas, a veces parece haber una continuidad secreta que impulsa nuestras decisiones. Pedí permiso para salir del estudio y me dirigí hacia la escuela con la convicción de comunicar mi negativa, pero a poco de llegar me crucé con un anciano de aspecto desvalido, que se acercó y me dijo: "Estoy perdido, necesito regresar a mi casa. Un vecino me indicó con una sonrisa indulgente que el anciano vivía a dos cuadras de allí. No vacilé en acompañarlo hasta una casa muy humilde donde unos niños jugaban con una pelota de trapo. El abuelo está aquí, gritó uno de ellos. Una mujer agraviada por los años salió a recibirnos y me explicó, con tímida vergüenza que mi padre cada tanto se pierde, los médicos dijeron que es propio de algunos viejos. No sabía qué hacer para agradecerme, pero le expliqué que debía retirarme. Retrocedí sobre mis pasos y enseguida, leí el nombre de la escuela en un portón rudimentario y un tanto maltrecho. Titubeé; pero una voz dentro de mí repitió: "No sé por qué pero aquí estamos los dos". Volví al estudio, donde alguien me preguntó de dónde venía. Algo reconocible de mi origen irrumpió de repente. "Vengo de la Mazza" le respondí y en ese momento, incluso sorprendido de mi propia respuesta, supe que había hecho bien en aceptar.

Víctor Zenobi

viernes, 27 de noviembre de 2009

¿QUÉ ES VOTAR A LA IZQUIERDA, HOY?

Si como dice Carlos Marx el motor de la historia es la lucha de clases, y son los explotados los sujetos colectivos capaces de transformar progresivamente a la sociedad toda, con la palabra “izquierda” designamos a las posiciones políticas e ideológicas que contribuyen en esa dirección liberadora. Para orientar el rumbo hacia esa dirección, es necesario ubicar el momento actual al interior del desarrollo histórico, el punto del camino en el que nos encontramos como pueblo, de dónde venimos y hacia dónde vamos.Desde el 2003 se empezó a transformar el carácter de las relaciones de producción. El modelo de especulación financiera y privatista extranjerizante, es confrontado por políticas de estado tendientes a crear una economía basada en la producción y el mercado interno, la movilización de recursos locales y del ahorro nacional, de aumento del empleo, de la mejora de derechos y de la capacidad de consumo de las clases trabajadoras, tipo de cambio competitivo y aumento de la capacidad de producir manufacturas de origen industrial y agropecuario para exportación.
Un modelo de desarrollo de las fuerzas productivas con base en el rol motorizante del Estado y una política exterior de autodeterminación nacional y latinoamericanista, inéditas para la historia de nuestro país. La nacionalización de las AFJP ha sido sin duda uno de los puntos más altos.En concreto, el conflicto social queda expresado en las posiciones acerca del rol de Estado en la economía -incluida la propuesta de ley de servicios de comunicaciones audiovisuales, donde se afectaría la propiedad de los multimedios-, y la posición sobre la integración con el resto de América.Las del domingo son las primeras elecciones desde el intento golpista del año pasado, donde la oligarquía se reorganizó políticamente. Esa alianza entre los terratenientes de la pampa húmeda y productores hegemónicos del litoral (autobautizados “el campo”), grupos exportadores y ligados al mundo financiero, los grandes medios de comunicación, la Iglesia, el club de amigos de la última dictadura, sectores medios de las ciudades con espíritu antiperonista. Encontró su base social, untada en el arcilloso odio de clase, y ahora en esta elección pugna por darse definitivamente una representación política que ayude moldear el país que, en la actual coyuntura mundial, necesitan.Para eso quieren ponerle un cepo al último período del gobierno nacional, y en lo posible, impedir la continuidad. Este es su objetivo principal.Entonces, en este escenario político de disputa entre dos modelos de país, es que se juega la posibilidad de la transformación social progresista, y el motor de la historia.
El esquema izquierda, centro y derecha es tributario del pensamiento europeo en su reflejo de la cuestión social y no suele expresar fielmente la realidad latinoamericana, en especial en su vínculo con la cuestión nacional. Con mayor precisión, corresponde hablar de políticas nacionales y antinacionales, antinomia vigente mientras no se realice el ciclo histórico de la liberación nacional y latinoamericana. Por eso la denominación de izquierda no es de por sí esclarecedora, al contrario, suele sumar a la confusión.Aún así, los partidos denominados de “izquierda” son esencialmente urbanos, y su composición es clasemediera. No son partidos obreros o de trabajadores. En Buenos Aires aparece Proyecto Sur, y en Santa Fe, con bastión en Rosario, el socialismo de Binner. En el conurbano, con suerte incierta, está Sabatella. Por lo que la importancia de estos está en su influencia sobre las clases medias urbanas.Y ellas tienen en nuestro país algunas características específicas, producto de la colonización pedagógica. En primer lugar, y desde un punto de vista histórico, son instrumento de la oligarquía, es decir suelen carecer de política propia que les pertenezca, como su oposición al peronismo del 45, y ahora al gobierno nacional, cuando sus políticas mejoran claramente sus condiciones de vida. En segundo lugar, sus opciones son falsas. Suelen apoyar partidos sin proyección nacional, o bien que culminan en políticas contra sus intereses económicos, como la Alianza, o ahora el macrismo.Pero en verdad, parecen que nada sirve de experiencia, y esa imposibilidad de conciencia nacional se caracteriza por su abstracción frente al país. Viven de espaldas a los pueblos del “interior” y su comportamiento tiene base en una temerosa actitud ante la presencia de lo popular; el centralismo porteñista brinda una colaboración esencial a la incomprensión de la cuestión nacional. Algo similar ocurre en Rosario.La opción política es en nombre de los “principios individuales”, y niega así el interés colectivo de los trabajadores y sectores populares en tanto clase social. El “darse un gusto” es expresión de la “libertad de conciencia” que se ejerce en nombre de la autonomía de la voluntad, ideario al que profesan una lealtad religiosa. Su fe es entonces de contenido liberal, aunque su intención o fraseología sea socialista o izquierdista.La consecuencia es su posición antinacional, ya que al afirmarse principalmente en su individualidad, carecen de compromiso colectivo y de sentido de pertenencia al pueblo al que, realmente, pertenecen, lo que configura el núcleo de la “izquierda” argentina. Entonces, votar a la “izquierda” es un modo de canalizar esa posición sin compromiso, es sentirse distinto a todos, o lo que es lo mismo, a los trabajadores; es el deseo de distinción personal que ratifica su visión de mundo individualista.Y es, en general, el problema de las clases medias urbanas latinoamericanas puestas en crisis existencial por la acción de movimientos nacionales. Es el caso de Caracas, o Guayaquil, o Sao Paulo. Tanto Hugo Chávez como Evo Morales tienen oposiciones desde la izquierda.
Por eso, como cuestión principal entiendo la siguiente: ¿hacia dónde acumulan poder las distintas organizaciones, hacia cuál de los dos modelos de país?Los partidos de izquierda han expresado en la práctica, y de diversos modos, su oposición al kirchnerismo. A ello han concurrido de varias formas: desde el espectáculo patético de las banderas rojas vivando a la dirigencia de la Sociedad Rural, hasta el voto en contra del ejercicio del derecho de exportación del Estado Nacional, por parte de Claudio Lozano y legisladores del ex bloque de Carrio, SI. Son estas sus actuaciones políticas más significativas para mencionar, en el último tiempo. Y son las que han definido cuál es el rol cumplido, más allá de las declamaciones de contenido democrático o nacionalista popular.Mientras los partidos como el PO, el MST, el PCR, y otros varios, suelen no tener más acumulación que para mantener su pequeña quinta, les caben las generales de la ley que les impone su mirada antinacional. Y suelen cumplir su rol objetivo, pequeño pero efectivo, a favor del orden oligárquico. “El oportunismo intelectual de izquierda se desliza hacia la reacción” explicaba Hernández Arregui.Los casos de Proyecto Sur y el socialismo pro-Binner, son distintos por tener una influencia política considerablemente mayor. Su influencia por ahora limitada geográficamente a algunos, pero importantes, conglomerados urbanos es sobre los sectores medios de “izquierda” o “centro izquierda” con las características señaladas.Por ahora, han crecido con base en cierta prédica antikirchnerista, que los ha colocado también objetivamente a favor del modelo pro oligárquico. En esto nada tienen que ver las películas de Pino Solanas, que todos vemos y difundimos. En especial porque el contenido crítico de sus postulados a favor de una Argentina soberana y socialmente justa no coincide con la práctica política concreta. Aunque nada de esto es en forma definitoria ni menos definitiva.Todos ellos, después de las elecciones deberán volver a definir cuál es el norte final de acumulación de poder político en este escenario dividido en dos modelos. Pueden cambiar su destino y con éste intentar torcer el rumbo antinacional de las clases medias y movilizar por la profundización de los cambios. Ese, a partir de su composición social, sería su rol histórico. Después de todo, sería coherencia con sus propios objetivos programáticos. Pero para eso deberán modificar el comportamiento del último tiempo.
Por último, y volviendo a las clases trabajadoras, el mismo ensayista decía que “aunque el nivel cultural del obrero es inferior al de la pequeña burguesía, su conciencia política es en cambio superior. El sindicato es su escuela y en la apreciación global del problema nacional es más argentina, pues ella elabora como clase productora la riqueza colectiva, y al defenderse como proletariado argentino, defiende a la Nación”.Mientras los trabajadores defienden intereses concretos, porque exigen realizaciones aquí y ahora. La creación masiva de empleos, el aumento de salarios y del poder adquisitivo, la recuperación de las jubilaciones, son hechos vistos como de significativa transformación y es el norte que sirve de guía a sus posiciones. Eso explicaría la lealtad al kirchnerismo que posibilitó el triunfo presidencial de Cristina Fernández.Y si por izquierda entendemos, con Marx, a la capacidad de transformar progresivamente a la sociedad toda, no hay dudas que el apoyo a la política nacional del gobierno es un voto a favor de las clases trabajadoras.El destino del país, otra vez, está en manos de las clases trabajadoras.


Javier Azzali

miércoles, 25 de noviembre de 2009

Los lugares donde se torturó y mató

El primer centro de detención al que se dirigió la comitiva judicial en la mañana de ayer fue la escuela Magnasco, de Zeballos y Ovidio Lagos, lugar al que fueron trasladados los detenidos de la Quinta de Funes luego de que el militante Tulio Valenzuela, que había sido llevado a México para asesinar a la cúpula de Montoneros , se fugara de sus captores y denunciara la maniobra tramada por el general Leopoldo Galtieri. Costanzo señaló que ingresaron "en autos y un camioncito" por la entrada de vehículos que da a Ovidio Lagos y que usaron el lugar porque "Bertoti era hombre del 121", en referencia al ex director de la escuela. Costanzo indicó el lugar donde estaban ubicados los detenidos y recordó que "las condiciones se endurecieron allí. Estaban tabicados, no los llevaban al baño y hacían sus necesidades en tachos o baldes, que estuvieron al menos un mes allí, que del traslado y de todas las actividades allí participó todo el grupo operativo: Guerrieri, Amelong, Fariña, Pagano, Marino González, Aldo, entre otros", según revelaron las abogadas de Hijos, Ana Oberlin y Nadia Shujman.
El represor agregó que desde ese lugar los detenidos fueron trasladados a la quinta la Intermedia, propiedad de la familia Amelong, y remarcó que "todo el grupo operativo estuvo, primero en la Calamita, y luego en Funes, Magnasco, La Intermedia y la Fábrica de Armas".
En tanto, en la Quinta de Funes, Costanzo reconoció el predio como el lugar donde estuvieron luego de La Calamita, y señaló el sitio donde pusieron a los detenidos y donde se ubicaba el grupo operativo. En este sentido Costanzo contestó que "Negro, Dri y Valenzuela estaban aparte", y que "la custodia la hacía Gendarmería de civil".
Costanzo también contó que pusieron rejas en las ventanas donde dormían los detenidos, ubicó el lugar donde estaba el teléfono, dentro de la casa principal, donde atendió el llamado del diario mejicano Uno más Uno.
El último lugar de la recorrida fue el centro clandestino de detención y torturas de Granadero Baigorria, La Calamita. Allí Costanzo rememoró que llegó en junio julio de 1977. "Allí había varios de los detenidos que después fueron llevados a la Quinta", explicó el represor. Preguntado otra vez por Hijos, Costanzo dijo que "Dussex y Toniolli habían estado aquí", que "aquí se interrogaba".
El Tucu refirió que a los detenidos "se le sacaba información por medio de tortura, que el que hacía los interrogatorio era el Barba", y que "en un momento hubo entre 80 y 100 detenidos que estaban tabicados, todos juntos en dos habitaciones, sin colchones, tirados en el piso".
Costanzo repitió que allí mataron a 17 personas, luego se llevaron 23 y los mataron en Monje, y que el militante comunista "Tito Mezziez estuvo allí en un sótano".

Sobre la protección política

La protección política de los represores de la dictadura y su reciclaje en la democracia quedaron a la vista en el juicio al ex juez Víctor Brusa y compañía. El Tribunal Oral discutió en la audiencia de ayer la posibilidad de citar al ex gobernador Jorge Obeid para que explique por qué designó como asesor de seguridad de su primer gobierno al ex encargado del Destacamento de Inteligencia Militar 122, Nicolás Correa, imputado en la causa, pero fallecido en 2007. "El señor Obeid debería ser citado para que explique qué antecedentes tuvo en cuenta para designar a Correa. Hace al objeto procesal y a la investigación del plan sistemático de exterminio", dijo la jueza Lidia Carnero. Pero el presidente del Tribunal, Roberto López Arango, rechazó el pedido. "La presidencia no comparte su criterio. Si los querellantes o la acusación pública lo hubiesen considerado pertinente lo hubieran solicitado antes. No comparto la petición y la rechazo", retrucó el magistrado. El silencio de la sala se hizo tan pesado que ni fiscales ni abogados querellantes se animaron a romperlo con una moción de apoyo a la jueza.
Correa fue uno de los tres militares que zafaron del juicio (los otros eran el ex comandante del Area 212, coronel Juan Orlando Rolón que falleció hace una semana y el ex jefe del Destacamento de Inteligencia Militar 122, coronel Domingo Manuel Marcellini). Y uno de los más denunciados. Seis testigos lo reconocieron como el torturador de "la voz pausada" que se hacía llamar "El Tío" en el centro clandestino donde estuvieron secuestrados. Y uno de ellos, Luis Eduardo Baffico, lo identificó por otro apodo: "Nicola" y dijo que era "el jefe o el encargado" del chupadero donde permaneció encapuchado y encadenado durante 20 días.
La cobertura política a Correa ya se planteó hace un mes cuando declaró una de las querellantes, Anatilde Bugna. Correa fue asesor de seguridad de Obeid en su primer gobierno (1995/99) y operó como número dos del ex subsecretario de Seguridad Pública, teniente coronel José Bernhardt, otro experto en inteligencia militar que prestó servicios en el Batallón 601. En ese entonces, otro de los imputados en el juicio, el comisario Héctor "Pollo" Colombini era jefe de Drogas Peligrosas. "Tuvimos varias entrevistas con el ministro (de Gobierno, Roberto) Rosúa, donde hablamos sobre Correa y Colombini. A Colombini lo pasaron a retiro, pero sobre Correa nos dijo que le lleváramos pruebas. Y las pruebas eran nuestro testimonio", dijo Bugna.
Ayer, otro testigo en el juicio, el ex comisario Avelino Cantelli, ratificó el rol de Correa en el aparato represivo de la dictadura. "Correa era un asesino. Y si Obeid lo tenía a su lado era igual que él", tiró Cantelli. Y calificó a los militares como "una banda de delincuentes comunes".
En sus recuerdos de la dictadura, Cantelli relató que dos militares a los que sólo identificó por el grado ("un mayor y un capitán") le propusieron unirse a la contrainsurgencia a cambio de compartir el botín de guerra. "Les dije que no, que yo a los subversivos los combatía, pero no los torturaba ni los robaba". El incidente llegó a oídos del ex jefe de la Unidad Regional I, Néstor Cirilo Silva, quien lo llamó a su despacho para reprocharle su respuesta a los represores. "Me dijo que me cuidara, que era un mal ejemplo para la policía. 'Tené cuidado que los militares son peligrosos'. Si, eran peligrosos para robar", ironizó Cantelli.
Pero después de la negativa comenzaron las represalias: un atentado con explosivos en su casa, un intento de secuestro y la cesantía en su cargo de jefe de Robos y Hurtos, una dependencia policial en la que trabajó durante 20 años. "Si algo tengo que agradecer a Dios es que no explotó la bomba y que no me pudieron secuestrar. En esa época, estábamos al borde de la muerte".
Cantelli acusó a Correa por el atentado. "Correa y otro delincuente (el ex sargento del Ejército ya fallecido, Eleodoro Jorge) Hauque me pusieron la bomba. El le dio la orden a Hauque. Y gracias a Dios, la
bomba no explotó", dijo. Pero su familia quedó muy afectada. "A mi mujer y a mi hija les agarró un ataque de pánico" que les dejó secuelas hasta hoy.
Fue allí cuando Cantelli cargó contra el ex gobernador. "¿Si Correa era peligroso, por qué Obeid lo llevó al gobierno? ¡Que dé explicaciones! Y si es necesario y me tengo que carear con Obeid, me voy a carear. ¿Qué arreglo tenía Obeid con Correa? Si Obeid no es un delincuente que diga por qué lo tenía a Bernhardt", dijo. Y después interpeló a los jueces del Tribunal: "¿Qué van a hacer con Obeid y Correa?", les preguntó.
Nosotros no tenemos la respuesta -contestó Lopez Arango. Pero su colega, Lidia Carnero, lo sorprendió con una propuesta: pidió que se cite a declarar a Obeid para "preguntarle qué antecedentes había consultado para llevarlo a Correa a la Subsecretaría de Seguridad".
López Arango no ocultó su molestia. "La presidencia no comparte su criterio. Si los querellantes o la acusación pública lo hubiesen considerado pertinente lo hubieran solicitado antes. No comparto la petición y la rechazo", le dijo a Carnero. Los fiscales y querellantes
convalidaron con el silencio.
¿Entonces, porque me llaman a mí? -se quejó Cantelli.
Si usted tiene alguna cosa contra Obeid denúncielo en el lugar que corresponda, este no es el lugar para hacer la denuncia -se enojó López Arango.
Juan Carlos Tizziani

¿Se enteró?

Son las ocho y media de la mañana y el pronóstico del tiempo anuncia para este mediodía una máxima de ocho grados. Bufanda. Está amaneciendo. El tipo detiene el Taunus en la esquina, deja el motor en marcha y enciende balizas. Se baja a comprar el diario pero se acomoda antes el cinturón, la camisa debajo del pantalón, las medias verde oliva, el celular en la mano. Nada urgente.
La señora que está esperando el 110, las piernas cruzadas, sentada en la garita, lo mira de arriba abajo.
-Página/12 -dice el del auto, mientras revisa los bolsillos del pantalón y los del saco hasta que encuentra el billete.
-Hace frío -dice el diariero, y en la palma de la mano cuenta las monedas para darle el vuelto.
La mujer, silencio. El tipo del auto concentrado en los dos que viajan en bicicleta y pasan junto a su auto. Pasan cerca. Ya pasaron. No le robaron. Suspira. Los dos llevan idénticos gorros de lana negra. Conversan.
-¿Cómo dice? -dice el del auto.
-El frío... Que hace un frío de locos...
En la tapa del diario hay una foto del gobernador.
Sí, hace frío -dice, y pega media vuelta y se dirige al auto.
La señora en la garita de la esquina, sentada esperando. El colectivo no ha llegado y la señora mira de arriba abajo al tipo de medias verde oliva que ha dejado el auto en marcha y que ahora regresa a él leyendo los titulares. En la calle no hay casi nadie. Un taxi. Está amaneciendo y el colectivo no ha llegado, y la señora siente frío al ver al señor tan bien abrigado. El auto desaparece y ella larga una bocanada de aire por la boca y se pone de pie, y va a pararse frente al kiosco de revistas. Lee la tapa de los diarios que se exhiben sostenidos por palitos de la ropa y aprieta los dientes.
-¿Se enteró? -le dice el diariero.
-¿De qué?
-Anoche. Anoche le entraron a robar "con la mano" a Manuela. La costurera. La viejita de la esquina...
-¿Y?
Llega un colectivo, el 110.
-Se la llevó la ambulancia, pobrecita.
La señora se mueve con agilidad y sube las escaleras del colectivo y le desea buen día al chofer.
-Hay que matarlos a todos -grita el diariero, pero nadie lo oye. Las ventanillas cerradas. La señora mira la hora en su muñeca, sonríe y busca asiento.
Es necesario que el tipo del auto tenga un nombre. Llamémoslo Ricardo. Ricardo llega al colegio, mira el reloj y va directo a la sala de profesores. Cuando abre la puerta siente que ha despertado al profesor de Historia. El profesor de Historia observa el diario doblado bajo la axila de Ricardo, el profesor de Literatura, y levanta las cejas y se mueve en la silla.
-Uno a cero -le dice con una sonrisa. Es lunes y el profesor de Historia es de Central.
Es necesario que la mujer que se ha subido al 110 tenga un nombre. Llamémosla Cristina. Cristina ha conseguido un asiento con ventanilla. Entrelaza sus manos y las aprieta en la cara interna de sus muslos y se da calor. La noche anterior su marido la ha tenido despierta hasta las tres de la mañana. Los niños han llorado, ella misma ha llorado, su marido ha llorado, pero esta vez no le ha lastimado el rostro. Es un buen día a pesar del cansancio y está dispuesta a limpiar el inodoro de su patrona sin chistar. Mira a través de la ventanilla y se ve a sí misma en otro cuerpo, en el cuerpo de otra, las piernas cruzadas, esperando un colectivo cualquiera en otra garita, sentada y el frío.
Ocho grados se anuncian para hoy al mediodía. La pucha.
Cristina respira hondo y retiene el llanto. Sus hijos hicieron la tarea y tienen la merienda en la mochila. Cristina respira hondo y mira a través de la ventanilla.
Ricardo apoya sus cosas sobre el escritorio, se sienta en una silla que tiene el tapizado descuajeringado y se rasca el tobillo bajo las medias verde oliva.
-¿Hay mate? -pregunta.
El profesor de Historia no le responde. Le arrebata el diario y recorre con la vista la página de deportes y sonríe para sus adentros. El profesor de Literatura es de Ñuls y el de Historia, que es de Central, está leyendo el diario antes que él.
Son las nueve.
-¿Se enteró? -dice el diariero dirigiéndose a otro-. Le entraron a robar a Manuela, la costurera. Acá cerquita...

Luciano Trangoni